Visibilidad y marca personal

Para ser más visible, confía en tu voz

¿Te agobia tener que promocionar?

No estás sola/o.

Durante una reciente formación en visibilidad para escritores, una de las participantes confesó, entre enfadada y entristecida, que no le motivaba nada tener que asumir la promoción de su libro.

En los años que llevo hablando de visibilidad, las personas que me han hablado con pasión y entusiasmo de la promo han sido muy, muy pocas. Por mucho que sepamos que que si no nos ven, no nos compran, no nos sale natural.

Vamos a intentar que lo incómodo se vuelva un poco más interesante. Yo me lo miro así:

Nadie en el mundo sabe más de tu libro/proyecto/empresa que tú.

Si tú eres la fuente oficial de información sobre tu obra, eres la mejor persona para explicarla.

Y puedes explicarla con tu propio estilo, con tu voz.

Y esa voz tuya es personal, inconfundible y estable en un entorno inestable.

Vienen más cambios: a los escritores, por ejemplo, Amazon nos tiene fritos a novedades. Las aplicaciones basadas en inteligencia artificial (IA) van a llegar al mainstream muy pronto y traerán más conceptos y modelos.

En este escenario lo que te distingue es comunicar con tu propia voz. Y esa, creo yo, es la base a la hora de plantearse la promoción.

Confía en tu voz. De esta manera, encaras la promoción desde ti – y no desde la última red social de moda.

Si escribes y quieres promocionar tu obra sin sentir que te estás traicionando,  te invito a que te unas al Curso de Marca personal para escritores que imparto en Cursiva este mes de julio.

La ilustración de este post es de la artista Lisa Congdon.

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Visibilidad, credibilidad y confianza

Las personas, antes de actuar, creemos. Compramos, contratamos, elegimos aquellas marcas cuyo mensaje nos merece confianza.

La secuencia sería ésta:

  1. Veo un producto/ servicio/ profesional  – porque es visible.
  2. Creo en los beneficios que me ofrece  – porque me resulta creíble.
  3. Lo compro / contrato / apoyo/comparto.

Primero nos los creemos (creemos en los beneficios que nos prometen) y después actuamos.

En el ámbito de la marca personal, ser creíble es casi un imperativo legal. Nuestros destinatarios (llámense lectores, clientes, usuarios…) tienen que creer que nuestro mensaje es cierto.

Si esto es así, ¿cómo construimos la credibilidad?

Esta reflexión de la prof. Lluïsa Llamero, si bien se refiere específicamente a la información on-line, es un buen punto de partida:

“En la percepción de la credibilidad intervienen múltiples dimensiones que se categorizan básicamente en dos componentes clave: confiabilidad y especialización. La confiabilidad se define como la percepción de la bondad o la moralidad de la fuente y se describiría en términos de información bienintencionada, verídica y no tendenciosa. La especialización se refiere a la percepción según la cual el conocimiento aportado por la fuente puede ser descrito como informado, reputado o competente”.

Si trasladamos esta definición a nuestra marca personal, para resultar creíbles necesitaremos ser percibidos como expertos profesionales y competentes. La credibilidad se asociaría a otras tres C:b7bcf9d90f6d65b1da22c8423fdb1c09

Con C de «competente»:  Para ser percibidos como expertos profesionales y competentes, la mejor manera es serlo.  Antes de focalizar en la visibilidad, identificar y poner en valor nuestros puntos fuertes.

Con C de «credencial»:  En este momento de proliferación extraordinaria de “expertos instant”, la visibilidad se nutrirá cada vez más de nuestras credenciales.¿Qué considero credenciales? Todas aquellas indicaciones no creadas por mí que indiquen a un tercero cual es mi nivel de competencia. No me refiero sólo a títulos formales sino también a credenciales informales, como  el testimonio de un cliente o la reseña de un lector/a.

Con C de «coherencia»:  Por encima de todo, la credibilidad se apoya en la coherencia. La coherencia entre lo que uno dice y uno hace. Entre afirmaciones pasadas y posiciones actuales.

Ver para creer. Para que funcione, a la visibilidad la acompaña la credibilidad. En Internet, como muestra la gráficala credibilidad forma parte intrínseca de la experiencia de usuario.

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Cada uno juega la mano de cartas que tiene

Queen of heartsHuele a libro. Celebramos el día de Sant Jordi. Después, la feria del libro en Madrid y en muchos otros lugares.

En estos días muchos mediáticos –presentadores, artistas, celebrities–  se sientan en las mesas de firmas, dispuestos a dedicar su libro a los lectores que lo deseen. Y éstos por lo general son muchos. Atraídos por la visibilidad del mediático en cuestión, compran cualquier libro que haya escrito o le hayan escrito. Se forman colas descomunales. Lo sé por experiencia propia: no olvidaré jamás el año que me tocó firmar en la mesa contigua a la de Ana Obregón.

Mediáticos los hay de toda condición. Maleducados (no diré nombre) y personas de trato exquisito (diré nombre: Mario Vaquerizo). Los mediáticos se pasean entre los autores no mediáticos. Unos y otros se miran con recelo. Los escritores los ven como usurpadores que juegan a ser autores por un día y les quitan el puesto. Los editores se defienden diciendo que gracias a los ingresos que generan los mediáticos se pueden publicar libros cuyas cuentas serán deficitarias.

Yo creo que en el fondo todos jugamos al “quiero ser”: los mediáticos quieren ser escritores como imaginan que somos los escritores, seres torturados recluidos en una habitación rebosante de diccionarios polvorientos. Los escritores queremos firmar frente a colas de fans gritando nuestro nombre.

En realidad lo que hacemos unos y otros es jugar nuestras cartas. Y eso es lo que me repito y te aconsejo: juega la mano de cartas que tú tienes y olvídate de la que tienen los demás.

¿Qué hace la escritora que es amiga de un editor? ¿Qué hace el mediático con el share más alto en su franja horaria? ¿Qué hace el autor que tiene un amigo que presenta un programa de radio? Aprovechan sus cartas. Si tienes un amigo, un contacto o un share, lo aprovechas para sacar tu proyecto a delante.

“¿Dónde queda entonces la calidad y la excelencia?”, te preguntas. Yo entiendo que queda donde estaba siempre: en la obra. Jugar tus cartas te sirve para dar a tu obra una oportunidad, por pequeña que sea, de avanzar en un entorno hipercompetitivo. Y quien dice libros, dice otro tipo de proyectos.

No defiendo el favoritismo ni el diletantismo. Sólo te propongo que no malgastes energía criticando las cartas de los demás. Céntrate en ver cuáles tienes tú y juégalas de la mejor manera posible.

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Si no te ven, no te leen: la marca personal del escritor

Yokoo Tanadori
La relación entre “marca personal” y “escritor” es doble.  Por un lado, los libros nos ayudan a posicionarnos como expertos en nuestro sector. Por otro, los escritores necesitamos desarrollar nuestra marca personal porque si no nos ven, no nos leen. A esta relación me referiré a continuación.

Los autores nos ubicamos en un contexto saturado. En el año 2019 se publicaron España 93.073 títulos con ISBN, de los cuáles 65.303 en soporte papel.

A pesar de que somos conscientes de que necesitamos que nuestra obra sea visible en este mar de títulos, a menudo los escritores nos resistimos a exponernos por diversas razones, entre las que señalo:

  • Porque trabajamos en soledad. Al escribir, nuestro modo es la introspección. A menudo cuesta exponer en público lo que ya hemos escrito en privado.
  • Porque esperamos que nos descubran. Que vengan a buscarnos. Que nuestro texto brille por sí sólo.
  • Porque delegamos la visibilidad de nuestro libro en el editor. Sin embargo, las apuestas son distintas. Nosotros tenemos una obra que defender; el editor, un catálogo. La intensidad y el interés varían.
  • Porque desconocemos cuál es la mejor manera para comunicar directamente con nuestros lectores.

Entiendo que la visibilidad del autor/a pasa por:

  • Reforzar la relación con el lector: pasar de la audiencia a la comunidad.
  • Amplificar la conversación sobre nuestro libro.
  • Escoger bien los canales y optimizarlos, para no agotarnos matando moscas a cañonazos.
  • Si es posible, buscar alianzas, en el sector editorial y fuera de él, que apoyen nuestra obra.

Lo escribí en 2011 y con el tiempo me reafirmo en esta idea clave: A los escritores nos han cambiado la descripción del puesto de trabajo. Además de escribir, ahora somos responsables de gestionar nuestro patrimonio editorial y nuestra visibilidad. Claro que preferiríamos dedicarnos a escribir -yo la primera- pero construir nuestra marca personal puede ayudarnos a hacer visible nuestra obra en un mercado saturado.

Gracias por comentar esta nota y por compartirla.

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Cómo escoger tu mejor red social


A menudo intentamos ser más visibles abordando todas las redes sociales a la vez. Corremos de un lado a otro sin saber bien cuál nos conviene. Nos sentimos obligados a estar en todas, por miedo a perdernos algo (FOMO) y/o a parecer anticuados.

Esta estrategia es agotadora y además es ineficiente. Consume nuestra capacidad de atención, nuestro tiempo y nuestros recursos económicos (campañas, etc). Terminamos viendo esta parcela de nuestra vida digital como una cruz, en lugar de verla como una fuente de oportunidades.

Anoto cuatro ideas para librarnos de esta tiranía y escoger las plataformas que más nos convienen

  1. Cambia el chip. No es obligatorio estar en todas las redes sociales. Eso es una leyenda urbana. Vamos a olvidarnos ya de esa esclavitud.
  2. Te propongo estos dos criterios. 1.Escoge una plataforma en la que te encuentres a gusto. 2.Escoge una plataforma en la que tus lectores o clientes se reúnan. La situación ideal es aquella en la que ambos criterios convergen.
  3. Para cada red, márcate objetivos y mide resultados. Todas tienen estadísticas. La red trabaja para ti, no al revés.
  4. Para tomar la decisión de dónde estar vale la pena explorar y experimentar. Yo trabajo con lo que llamo “la plataforma del mes”. Durante ese mes estudio las novedades, actualizo mi perfil, valoro si me interesa dedicar más esfuerzo a esa red (o congelarla o abandonarla).

Lo importante es tener presente que la plataforma está a tu servicio y asegurar que eso es realmente así.

¿Cuál es tu mejor plataforma? Gracias por comentar y compartir a pie de post.

La imagen es del ilustrador Vito Ansaldi.

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Cómo aumentar tu visibilidad en veinte minutos

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Si quieres encontrar un nuevo empleo, que una agencia literaria te represente o ampliar tu cartera de clientes necesitas ser visible.

Para que tu propia visibilidad sea un objetivo inmediato, alcanzable y medible, tu propósito debe transformarse en un hábito. Sólo necesitas veinte minutos al día, durante un mes. Dicen los psicólogos que crear un hábito requiere realizar la misma tarea un día tras otro. Se trata de ser disciplinado. Cualquier calendario te sirve para ir confirmando, día a día, que has realizado la tarea. Basta un mes de dedicación para apreciar resultados.

 ¿Qué tendrás que hacer?

Tú escoges. A continuación he identificado doce tareas que puedes realizar en esos veinte minutos diarios y que inciden sobre tu visibilidad.

Puedes dedicar un mes entero a la misma tarea. Proponte por ejemplo escribir veinte minutos cada día. Cada día del mes, veinte minutos de reloj, escribiendo.

Si prefieres la variedad, puedes escoger una tarea por semana. Por ejemplo: primera semana: actualizar tus perfiles sociales; segunda semana: ordenar tus contactos en tu gestor; tercera semana: escribir nuevos contenidos.

 Doce acciones que aumentaran tu visibilidad si les dedicas veinte minutos al día durante un mes

I. La visibilidad se lee

Escoge qué texto o textos necesitas para reforzar tu posición y diferenciarte. Cuando lo hayas decidido, dedícale los veinte minutos diarios.

  1. Revisa los textos y el copy de tu sitio web.
  2. Redacta un breve manual sobre tu área de experiencia profesional que puedas convertir en un ebook de presentación.
  3. Desarrolla una serie de posts para tu blog.
  4. Prepara los guiones para tu podcast o tus videos.
  5. Si todo esto se te hace muy cuesta arriba, comienza con la escritura meditativa: Así vas adquiriendo el hábito diario. Lo importante es comenzar.

 

II. Refuerza tu red de contactos

Tus contactos son uno de tus principales activos, sino el principal.   Dedica veinte minutos al día al Networking.

  1. Ordena tu base de contactos en el gestor que utilices (Outlook, tu móvil….). Comprueba datos, elimina contactos redundantes, amplia las informaciones.
  2. Sé proactivo y reactiva un contacto al día, recuperando a profesionales que tienes en estado latente. Recuerda hacerlo de forma que resulte mutuamente beneficiosa.
  3. Investiga un contacto de tu interés a quien todavía no conoces, para buscar la mejor forma de acercarte a él/ella.

 

III. Redes sociales

Dedica veinte minutos al día a optimizar tu presencia en medios sociales.

  1. Actualiza tu perfil en las redes sociales donde estás presente:  pon al día tu biografía, actualiza la foto, revisa los enlaces, depura tus contactos. Puedes concentrarte en una red al mes: en 30 días tendrás un perfil impecable.
  2. Revisa las estadísticas: ¿Qué contenidos funcionan mejor? ¿Qué tipología de seguidores has reunido? ¿Cómo puedes aportarles más valor?
  3. Investiga sobre redes o funcionalidades que aún no conoces o en cuyo manejo quieres mejorar:  busca tutoriales, posts o libros sobre sus usos.

 

IV. Lectura

  1. Lee. Leer potencia la capacidad de concentración, amplia conocimiento y te da nuevas perspectivas. Puedes leer sobre visibilidad o sobre cualquier otro tema de tu interés.

Elegir cuál de estas acciones te conviene más depende de tus objetivos. Ante la duda, escoge la que más te apetezca.  Te animo a que te animes a probar con una de estas doce tareas. La que menos pereza te dé. Podrías incluso empezar ahora mismo. Lo importante es dar el primer paso.

Te invito a que anotes en los comentarios qué tarea te has propuesto y cómo te va.

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Por qué tus padres no necesitaron una marca personal y tú sí


El día que mi padre se jubiló, el gerente le entregó un reloj de recuerdo. Había pasado más de cincuenta años en la misma empresa: ni tenía ni necesitaba una marca personal.

Pero el escenario ha cambiado.

La generación de mi padre es la última qué experimentará esta longevidad corporativa. Hoy operamos en un mercado laboral fluido donde los vínculos entre empleador y empleado son tenues. Ya no existen los empleos de por vida.

Algunos estudios estiman que cambiaremos nueve veces de trabajo a lo largo de nuestra trayectoria profesional.

La única certeza que tenemos somos nosotros mismos. Este contexto nos convierte en vendedores-promotores de nuestro talento. Por eso debemos invertir en nuestra marca.

Si te aburre, te angustia, incluso te molesta pensar en tu marca personal, te entiendo, porque a mí me sucede lo mismo. En vez de dedicar recursos a hacer visible mi marca, preferiría escribir y acompañar a mis clientes y estudiantes.

Pero no puedo hacer como hizo mi padre e ignorar completamente la necesidad de tener una marca personal. Por eso creé la mía y por eso escribo y hablo del tema. ¿Me gusta? No. ¿La necesito? Sí. Podemos pensar que nos gustaría otro tipo de entorno socioeconómico, pero hasta que ese momento llegue la marca personal es la estrategia de posicionamiento profesional que está en nuestras manos.

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Visibilidad: el superpoder del networking

Nuestra visibilidad se basa en la interacción: mi marca crece cuando interactúo con otros profesionales. Al ejercicio de interactuar con otros en beneficio mutuo se denomina networking.

Con el networking cuidamos nuestra red de contactos porque somos conscientes de su valor. Tus contactos son tu superpoder: son una herramienta de visibilidad poderosa para tu marca y una fuente de oportunidades. Ahora mismo, el 80% de las ofertas de trabajo se cubren vía contactos.

Hacer networking es un ejercicio de empatía. Para recibir, primero tenemos que crear valor a nuestros contactos.  Si quieres reforzar tu red, sólo tienes que hacerte esta pregunta: Qué puedo hacer yo por mi contacto.

 Analiza y amplía tu red de contactos

Si quieres ampliar tu red de contactos, este ejercicio te ayuda a ordenarla.

 ¿Cuántos contactos activos calculas que tienes? Consideramos contacto activo aquel que te recuerda lo suficiente para responder a tu llamada de teléfono.

  1. ¿Los tienes organizados de alguna forma? Este es un buen momento para hacerlo.
  2. ¿En qué sector tienes más contactos? ¿Coincide con el sector en el que desarrollas tu marca personal?
  3. ¿En qué sector necesitas ampliar tu red?
  4. Identifica tres profesionales que son importantes para tu marca y con los que todavía no has entrado en contacto.
  5. Para cada uno de ellos, pregúntate:
    • ¿cuál es mi objetivo al acercarme a este contacto?
    • ¿cómo puedo llegar a él/ella? (¿Tengo algún contacto que me pueda presentar? ¿Puedo escribirle directamente?).
    • ¿Qué puedo hacer yo por el/ella?

Te animo a que practiques el superpoder del networking. Cuanto más trabajes por tu red, más cómodo te sentirás contactando, de forma mutuamente gratificante, con esos profesionales que son clave para el éxito de tu proyecto.

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Visibilidad para veteranos/as


“La veteranía es un grado” es una frase que pronunciamos los veteranos.  Aunque no me asocio con el adjetivo “veterana”, porque me recuerda a “provecta” (a su vez sinónimo de “maduro, viejo, caduco”), sí siento que a menudo el valor de la experiencia sólo computa para quienes la tienen. Mejor dicho: la tenemos.

Ahora vendría la queja de “vivimos en un momento en que la sociedad valora sólo la juventud”. En inglés existe el término ageism para designar la discriminación por razón de edad que hemos traducido por el tremendo «edadismo».

Desde luego no considero mi edad una condena irrevocable. ¿Qué vas a hacer? ¿Quedarte en un rincón? Porque lo cierto es que hoy a la “provecta” edad de cincuenta años eres invisible. Si eres mujer, la invisibilidad se acentúa.

Lo cierto es que de no haber sido quienes fuimos no seríamos quienes somos. Como apuntaba Oscar Wilde, “no puedes conseguir experiencia a cambio de nada”. Sin vida no hay experiencia. Más que tenerla, hemos pasado por la experiencia.

¿Cuántos años tienes? ¿Qué tal los llevas? ¿Cómo gestionas tu visibilidad? Visibilidad y veteranía: la cuestión es difícil, pero es necesaria. A nuestra edad, no basta con tener una opinión. Tenemos que darla. Por eso y para eso necesitamos primero ser visibles, porque sin visibilidad, no nos prestan atención.

La imagen retro procede de este pin.

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El poder de la felicitación

Ayer me desperté con  un correo personal muy agradable,  en el que un lector me felicitaba. Que un libro sea tan bien recibido que su lector se tome la molestia de decírtelo es muy reconfortante. Podría resultar adictivo incluso.

El mensaje me ha puesto a pensar sobre las felicitaciones y he llegado a esta conclusión. Sólo hay una cosa mejor: felicitar tú.

No hablo de “quedar bien”. Hablo de conocimiento interior, en plan práctico: del que sirve para ordenarnos y ordenar nuestra visibilidad.

Si te paras a pensar, felicitar sinceramente a otra persona requiere una toma de posición. La felicitamos porque:

–          Nos ha sorprendido gratamente

–          Hemos aprendido una cosa nueva

–          Nos ha solucionado un problema

–          Nos ha consolado

–          …

Para felicitar a otra persona hemos detectado previamente su mérito.

Felicitar es reconocer  el valor de otro. Por tanto, felicitar es reconocerse. Como señala de  forma muy clara la Dra. Maria Nemeth: “No es por casualidad que admiramos a otra persona. Dicha persona posee determinadas cualidades que resuenan en nosotros y que dicen tanto de nosotros como de ella”.  Sólo podemos reconocer los valores que nosotros mismos poseemos.  Si no tienes un determinado valor, no puedes verlo en el otro. No lo reconoces y no le podrás felicitar.

Al reconocer el mérito de otra persona estás contribuyendo a su visibilidad, reforzando su confianza y apoyando su talento. Sólo por esto ya vale la pena felicitarle, como señal de respeto y de agradecimiento. Pero es que además al felicitar a una persona estás reconociendo en ella los valores que te definen a ti.  Su mérito forma parte de tu visión del mundo.

La próxima vez que realices un ejercicio de introspección para posicionar tu marca (en este libro te propongo algunos) y te preguntes cuáles son tus valores, piensa en a quién felicitarías y por qué. Y escucha con atención tu propia respuesta. NB: Y, ya puestos, ¡felicítale!

PD: La imagen procede de este pin.

 

 

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