Visibilidad y marca personal

Los Juegos Olímpicos son ahora

Una de las estrategias más comunes cuando no queremos ser visibles es la postergación: aplazamos o directamente evitamos todo aquello que pensamos que puede atraer los focos.

Lo hacemos porque sabemos que, si no nos ven, no nos juzgan. Por lo tanto, evitar que nos vean funciona como una práctica estrategia de supervivencia.

Y lo que más tememos que juzguen suele ser lo que más nos importa.

La evitación adopta formas muy diversas: listas interminables de temas pendientes (con los importantes siempre en la cola); anulaciones y cancelaciones perfectamente justificadas (enfermedades, imprevistos, condiciones meteorológicas adversas…).

Sin embargo, postergar o directamente anular las posibilidades de visibilidad tiene efectos colaterales: si no nos ven, no nos compran. Ni nos contratan. Ni nos promocionan. Ni nos leen. Lo que nos importa, languidece.

Asumir un grado confortable de visibilidad es en el actual contexto socioeconómico un prerrequisito. Aunque nos resulte incómodo, tenemos que encontrar la manera de afrontarlo. Esto me ha venido a la cabeza leyendo una cita del filósofo estoico Epícteto:

Por lo tanto, a partir de ahora decide vivir como un adulto que está progresando, y haz de lo que creas mejor una ley que nunca dejarás de lado. Y cada vez que te encuentres con una dificultad o una cosa placentera, así estén bien o mal consideradas, recuerda que la competición es ahora: estás en los Juegos Olímpicos, no puedes esperar más.

Me quedo con esa sensación de urgencia. Pensamos que tenemos todo el tiempo del mundo para sacar adelante lo que realmente nos importa, pero el tiempo y la vida tienen su propio criterio.

Los Juegos Olímpicos son ahora.

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Si no te ven, no te compran

La visibilidad es un activo profesional estratégico.

En el actual contexto socioeconómico, el principal reto de los profesionales es, precisamente, ser visibles. Hoy el recurso escaso no es el tiempo ni es el petróleo: es la capacidad de atención. Si no nos ven, no nos dedican atención. No podemos ofertar, ni contratar, ni promocionar.

Sin visibilidad no hay venta.

Ya en 1999 Tom Peters apuntó que las relaciones laborales cambiaban a causa de la tecnología y que muchos puestos de trabajo serían obsoletos salvo que quienes los ocupaban pudieran articular una propuesta individual de valor. La lealtad a la empresa (y de la empresa) se difuminaba en un contexto de despersonalización. Este es el razonamiento que subyace en las recomendaciones de Peters, encaradas hacia la supervivencia profesional: “Por lo tanto, aquellos de nosotros (…) que queramos sobrevivir a la riada tendremos que recoger el guante de la reinvención personal… (…)”. (PETERS, T. (2011) 50 claves para hacer de usted una marca, Deusto, p.19).

Los pronósticos de Peters son válidos también en el contexto actual. De forma muy rápida, proliferarán todo tipo de aplicaciones basadas en Inteligencia artificial que cambian radicalmente la manera cómo estamos y operamos en el mundo.

Por otra parte, la tecnología ha democratizado la visibilidad. Internet nos permite dar a conocer nuestra propuesta de valor a aquellos a quienes la dirigimos. Podemos optimizar nuestra visibilidad construyendo una buena marca personal y gestionando nuestra reputación, de forma que seamos visibles en el seno de la organización en la que queremos promocionar o a los  ojos de los clientes con quienes queremos trabajar.

El proceso pasa, a mi entender, por construir una marca personal sólida, asociándola a una estrategia de visibilidad correcta. Para ello, trazamos un plan que explicite qué objetivos nos proponemos. Que tenga en cuenta nuestra reputación de partida y muestre nuestra propuesta profesional a quienes queremos que la contraten o compren. Que nos distinga de otros profesionales y de las IAs.

No queremos ser visibles al tuntún: desgasta y no cunde.

Lo que queremos es seguir siendo relevantes.

Imagen: Portada de la revista Mascontext

 

 

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¿Alguna vez has sufrido el síndrome de la impostora?

Esta era la pregunta de la encuesta que Linkedin realizó entre sus usuarios la semana pasada.

Si has respondido afirmativamente a la pregunta -o si dudas de que tu inquietud tenga que ver con el síndrome- la encuesta te da estas pistas.

La proporción de impostoras declaradas es altísima. De las 7669 personas opinantes, el 70 por ciento respondió afirmativamente. Estamos, en un primer análisis, en un contexto en el que domina la autoexigencia.

No hay consenso sobre lo que síndrome de la impostora significa realmente. Los comentarios a la encuesta se dividen en dos grandes bloques: las personas que consideran que la culpa de la impostura es externa (es la sociedad la que nos condiciona) y aquellas que realmente sienten que no merecen el éxito.

Me remito al enunciado del síndrome que formularon las doctoras Clance e Imes, quienes acuñaron el término en 1978: “A pesar de contar con logros académicos y profesionales extraordinarios, las mujeres que sufren el síndrome de la impostora están convencidas de que en realidad no son inteligentes y de que han engañado a quienes creen que sí lo son. (…) (Creen que) su éxito ha sido… cuestión de suerte y que (…) salvo que realicen un trabajo hercúleo (…) no podrán mantener el engaño”.

Es importante distinguir entre el no merecimiento y la falta de pericia. Un ejemplo: Me atreví a llamarme escritora cuando publiqué mi sexto libro. Es una muestra clara de síndrome, porque es evidente que ya lo era antes. En cambio, si dijera que me siento una impostora cuando nado porque no llego a los dos mil metros, eso no es impostura: significa que tengo que entrenar más.

Si te sientes impostora, pregúntate qué te hace sentir así:
• un entorno donde estás en minoría,
• unas reglas del juego que te sitúan en desventaja,
• la necesidad (o la voluntad) de mejora,
• la falta de práctica.

Los dos primeros supuestos remiten claramente al síndrome.

Finalmente, una cuestión de nomenclátor. El título de la encuesta en Linkedin está masculinizado: “¿Alguna vez has sufrido el síndrome del impostor?“. Propongo que el síndrome se continúe empleando en femenino. Los hombres que lo sufren pueden designarlo en modo feminizado. Como me dijo un amigo: «Todos somos Team Impostor«.

Hoy es oficial: hoy anunciamos la publicación de Impostoras y estupendasReserva aquí tu ejemplar.

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¿Qué hacemos con el elefante en la habitación?

elephant
Bansky pintó un elefante del mismo color de la pared, como parte de su primera exposición en EEUU en 2006, aludiendo al problema de la pobreza global. Fue obligado a «despintarlo».

La expresión inglesa “el elefante en la habitación” (the elephant in the room) alude a un tema espinoso que todos conocen pero del que nadie se atreve a hablar, con lo cual callan y fingen que no existe.  Como si en la sala hubiera un elefante enorme y disimuláramos, ignorando su presencia.

Personalmente, cuando creo que el tema debe ser discutido y resuelto tiendo a ponerle el cascabel al gato.

Aquí se abre el gran interrogante: ¿vale la pena decir lo que piensas?

Una vez has sacado a la luz el tema espinoso, las reacciones habituales suelen ser dos. Opción uno: los demás de repente muestran su total acuerdo (“Pues claro: ¡esto lo sabíamos todos!”) cuando antes de que tú sacaras el tema se mantenían en el silencio más sepulcral. Opción dos: los demás prefieren continuar negando la existencia del elefante y te condenan al ostracismo. Ninguno de los dos resultados me parece especialmente tentador.

¿Conviene entonces decir lo que uno piensa?  La respuesta sería «depende». Hacer manifiesta la situación depende de tus valores y objetivos.  Valora si esta batalla le interesa y hasta qué punto. Si la cuestión no es vital, haces como el resto y prescindes del elefante, del gato y del zoo entero.

Otra opción, que podríamos llamar «la vía intermedia», pasa por buscar aliados y no abordar en solitario la cuestión espinosa.

Seguro que tú también te has encontrado alguna vez con un elefante en la habitación. ¿Has dicho lo que pensabas o has preferido callar?  ¿Cuál crees que es la mejor estrategia en un escenario en el que hay un problema del que nadie quiere hablar? Gracias por compartir tu experiencia en los comentarios.

Si quieres mejorar tus opciones de visibilidad para hacer frente a elefantes diversos, podemos revisar juntos tus opciones y escoger la más adecuada para tu marca personal en una sesión privada.

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Tres consejos expertos para que tu fotografía personal refleje tu marca

Vivimos en la época dorada del selfie y el tema de las fotos personales está adquiriendo fuerza. Cada vez dedicamos más atención a cómo nos proyectamos. Cada vez somos más quienes recurrimos a fotógrafos profesionales para que nos retraten en imágenes cuidadas y novedosas.

Disponer de fotografías tomadas por una/un profesional es una inversión interesante porque esta imagen sirve de packaging de tu marca. Si la imagen transmite tus valores, estás adelantando y reforzando tu propio mensaje.

¿Y cómo tiene que ser una foto que funcione?  Andrea Vilallonga, asesora de imagen con quien he compartido buenos proyectos, nos da estas tres recomendaciones:

¿Qué imagen quiero transmitir?
Plantéate qué quieres que los demás sientan cuando ven tu foto: seriedad, seguridad, creatividad, jovialidad…
Sé coherente. Estas cualidades deben ser acordes con tu perfil profesional, puesto de trabajo y con la filosofía de la empresa.

¿Cómo la transmito?
La foto ha de ser de rostro o como muy grade de medio cuerpo. Nada de fotos de cuerpo entero y menos a lo lejos y jugando al golf.
No te quedes con la primera imagen: busca la mejor postura de rostro – y sobre todo mira a la cámara.
Las fotos artísticas las dejaremos para el Instagram.

El escenario
¡Cuidado con el fondo! Lo más fácil es buscar una pared blanca neutra para que tú resaltes.
Evita los lugares públicos como bares, restaurantes o parques… No estamos de vacaciones, es una foto de trabajo. Mejor no uses un recuerdo de tus vacaciones con gafas de sol y tomando una copa…
Y por último vístete como si fueras a una entrevista de trabajo… En cierto modo, de eso se trata, ¿no?

Gracias a Andrea por sus consejos y a ti por tus comentarios a pie de post.

imag-003bisMe he decidido a ilustrar la nota con una foto de mi primer “posado” oficial para animar a quienes, como yo, se sienten poco cómodos ante la idea de posar par un fotógrafo. La tomó la increíble Amelia Granados en 2014. En breve verás las de la sesión 2022.

 

 

 

 

 

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Hablemos de tu libro


Has terminado tu primer libro y quieres que te lean el mayor número posible de lectores.

O bien ya has publicado y quieres vender más ejemplares, porque sabes que un autor vale lo que vale su última obra.

Te has empapado de teoría en cursos y tutoriales de Marketing.

Pero cada libro es único y no hay respuestas universales.

Si quieres publicar tu obra y promocionarla de forma profesional, te acompaño.

En una sesión privada escogeremos la mejor estrategia para tu libro y resolveremos todas las dudas que se presentan en tu situación particular.

Te contaré qué pasos dar y en qué orden para que los lectores descubran, lean y compartan tu libro.

Te aporto mi experiencia como autora de 15 títulos, incluyendo Marketing para escritores, el libro de referencia en castellano para escritores que apuestan por su visibilidad. En la foto me ves grabando el audiolibro de este long-seller.

Es hora de pasar a la teoría a la práctica para que lleves tu libro al máximo número de lectores.

Escríbeme y te contaré todos los detalles para que agendes tu sesión.

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Cómo identificar nuevos proyectos

La expresión «twenty percent time» se acuñó en Google. La compañía animaba ya en 2004 a los empleados a dedicar el 20% de su tiempo a actividades y proyectos que no tuvieran una incidencia directa en la cuenta de resultados. Les animaba a explorar. De estas iteraciones fantasiosas, desvinculadas del día a día, salieron productos como Gmail.

Google apostó por la creatividad y nosotros deberíamos hacer lo mismo.

Sé que es difícil. La presión por cumplir objetivos, captar clientes o cubrir ingresos mensuales es muy alta.

Pero si reservas un porcentaje de tu tiempo de trabajo y lo dedicas a proyectos sin un rendimiento inmediato aparecen nuevos caminos y enfoques insólitos. Como mínimo vivirás experiencias curiosas.

Cinco cosas que podrías hacer con tu 20%:

-Leer libros que nunca leerías y que no tienen nada que ver con tu trabajo. Esta es mi opción favorita.

-Visionar conferencias TED que a priori no te encajan.

-Reunirte con amigos o contactos que no trabajan en tu sector y preguntarles qué pasa en el suyo.

-Apuntarte a un curso perfectamente gratificante y absolutamente inútil a efectos de facturación. Los MOOC son una mina.

-Aprender algo nuevo: un nuevo idioma o a tocar un nuevo instrumento.

Todas estas actividades generan nuevos caminos neuronales, abren nuevos espacios y nos llevan a contemplar opciones que en nuestra cotidianeidad no se nos habían ocurrido.

Si sientes que no puedes dedicarle un 20% de tu tiempo, dedícale un 10%. Tienes el 90% de tu tiempo para centrarte en proyectos actuales y el resto, para explorar futuros.

Y no hay nada más oportuno que explorar futuros en tiempos inciertos.

Si quieres que te acompañe, reserva tu sesión privada.

PD. La imagen procede de este pin.

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Follower: ¿Qué harías si te siguieran?

¿Qué harías si te siguieran?

Esa es la pregunta que dio lugar a Follower, un proyecto muy original de la artista Lauren Lee MacCarthy.

Los voluntarios presentaban su solicitud para ser seguidos durante un día y daban su permiso para que se les rastreara empleando el GPS del teléfono. A lo largo de la jornada, la seguidora (la artista) estaba presente sin que la persona seguida pudiera identificarla. Además -y esto es importante- estaba presente en su conciencia, es decir, la persona seguida sabía en todo momento que alguien la observaba.

La experiencia duraba un día al final del cual la seguidora enviaba al seguido/a una foto, a modo de despedida. La imagen a su entender resumía la esencia de la jornada y se acompañaba de la frase: “You are no longer being followed”. Ya no te sigo. Ya no te miro.

En realidad, todos nosotros participamos de una experiencia similar cuando exponemos nuestras andanzas e inquietudes en las redes sociales. Sabemos que nuestros seguidores pueden ver aquello que hacemos, bien porque lo compartimos nosotros o porque lo publican terceros.

Todos nos sentimos observados. ¿Hasta qué punto modifica esto nuestro quehacer?

En redes sociales: ¿te vuelves más extrovertido o comunicas menos que en la presencialidad? ¿Te autocensuras o dices siempre lo que piensas? ¿Eres más feliz o menos que si no te siguieran?

La manera como nos expresamos on-line no solo modifica la percepción de los demás, de los followers, sino nuestra propia percepción de nosotros mismos.

PD: Siguiendo al seguidor, la imagen está tomada del proyecto Follower.

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Creatividad y marca personal

La paridad humana es un indicador utilizado para evaluar los modelos de Inteligencia artificial (IA). Si una IA tiene una tasa de error igual o menor a la de una persona, se considera que ha alcanzado la paridad humana. ¿Te suena a ciencia ficción? A título de ejemplo, en el año 2018 la IA superó la paridad humana en traducción de conversaciones en tiempo real: el algoritmo traduce mejor que un/a intérprete.

En un entorno cada vez más anclado en funcionalidades y datos, creo que el concepto de creatividad es el que marcará la diferencia. Esta es una buena noticia, por dos razones:

Todos tenemos un pasado creativo. En el manual Y tú, ¿qué marca eres? dediqué un apartado al tema. Se titula «Todos tenemos lápices de colores»: cuando éramos pequeños, a todos nos encantaba pintar y garabatear por el puro afán de pasarlo bien.

Con el tiempo, lo que varía es la expresión de nuestra creatividad. Algunas personas trabajan en las llamadas industrias creativas, que incluyen desde actividades tradicionales, como la joyería o el diseño, a nuevos sectores como el desarrollo de videojuegos. Otras desarrollan su creatividad en forma de proyecto paralelo: no es su fuente de ingresos principal. Pienso en abogados que tienen tienda de artesanía en Etsy o consultores apasionados por el teatro amateur.

De forma profesional o no, todos somos creativos. Si todas las personas somos creativas, la marca personal, en tanto que personal, es creativa por naturaleza. El reto es cómo integras la creatividad en tu marca para mostrarla al mundo.

Es hora de explorar lo que nos hace más humanos, no más productivos. Para productivos ya están los algoritmos. Nuestra aportación es emplear estos algoritmos para crear proyectos personales distintos.

Junto a los datos, creatividad. La pulsión creativa es la parte más personal de tu marca y la que más tienes que cuidar. Ojalá éste sea un buen momento para que puedas volver a los lápices de colores, a explorar nuevos proyectos sin juicio y desde la ilusión.

En estos días celebro la edición actualizada de Marketing para escritores, que se publica el 15 de setiembre, con vocación de servir a los espíritus creativos.

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Qué tienen en común la escritura y la marca personal

Durante años llevé una doble vida. Mis lectores no sabían que me dedicaba a la marca personal y mis clientes no sabían que escribo novelas. No encontraba la manera de que mis dos yo coexistieran pacíficamente porque mis dos ocupaciones, la escritura y la gestión de la visibilidad, parecían estar a años luz una de la otra.

La experiencia me ha demostrado, sin embargo, que entre ambas existen unas cuantas similitudes. Cinco, como mínimo. Tanto la escritura como la gestión de la propia marca:
-fomentan el autoconocimiento
-animan a la expresión personal
-se basan en la voluntad de compartir con otro (ya sea lectora o cliente)
-acarrean una responsabilidad creativa y profesional
-pueden mejorar la propia visibilidad.

La relación entre escritura y marca personal es de ida y vuelta.

Por un lado, los expertos vaticinan que la próxima revolución editorial vendrá de la mano de profesionales y empresas que publicarán sus libros como una manera de dar a conocer su propuesta y argumentos. Estaremos ante el libro como tarjeta de visita y la escritura como estrategia de visibilidad.

Por otro, los escritores tienen que trabajar su propia marca. Antes los autores no eran interesantes: lo único que importaba era su obra. Pero hoy es ya es así. La editora Lola Gulias lo dijo alto y claro en mi tertulia: el autor es hoy tan importante como su libro.

Si quieres reforzar tu marca como autor y te da pereza (te entiendo), te animo a que te inscribas en el Curso de Marca personal para escritores. Ideal para escritoras/es comprometidas con su proyecto que buscan un acompañamiento riguroso y profesional. Comenzamos el día 5 de julio. Más información.

La ilustración procede de este pin.

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