Mes: noviembre 2012

Office Party, hoy gratis

Este año las cenas de Navidad caen drásticamente.  Si en EEUU baja del 73% (2005) a 44%  el número de empresas que piensa organizar una celebración,  entre nosotros y con la que esta cayendo, la disminución será todavía mayor.

¡Ay, aquellas cenas con los compañeros de oficina!   Quizás algunos las echen de menos y otros, que todavía están convocados, tiemblen en cambio ante la idea de una noche más de algarabía corporativa. De ese microcosmos de paz y amor instant surgió mi relato Office Party , un cuento contemporáneo de Navidad.

Publiqué Office Party en edición de autor en 2010, con una tirada limitada a 20 ejemplares. Sólo uno salió a la venta,  en una subasta a beneficio de la Asociación Europea de Cáncer de Cuello de Útero (ECCA).

Office Party está disponible en Amazon en formato ebook. Desde hoy viernes y hasta mañana sábado 31 de noviembre a las 09.00, para aquellos que deseen vivir por unas páginas una cena de Navidad peculiar, el relato se puede descargar gratis. Las cenas de Navidad bajan, pero el cancer de cuello de útero continua causando estragos entre las europeas. Te animo a que visites directamente el sitio web de la Asociación para informarte o/e informar a tu pareja sobre cómo prevenirlo.

Hasta mañana sábado a las 09.00h, Office Party gratis. ¡Que empiece la conga!

 

 

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El síndrome de la página en blanco: Qué publicar cuando no sabes qué decir


Me escribe un autor, abrumado por el “síndrome de la página en blanco”.  Está a punto de publicar un libro, quiere crear su propio sitio web y “no tiene contenido”.

Quiero convencerle de que eso no es necesariamente cierto: todos tenemos contenido. Lo que a menudo sucede es que no damos importancia al contenido que tenemos. De hecho, a veces ni siquiera sabemos lo que tenemos.

En el caso del autor “sin contenido”, ya disponía de: la portada del libro, el texto de contracubierta preparado por la editorial, su biografía y fotografía, el enlace al web de la editorial y/o a otras librerías on-line. También podía publicaren su web el índice y el primer capítulo de su obra.  Estos contenidos son suficientes para plantear un primer sitio web/blog, que crecerá a medida que el autor confeccione y recopile nuevoas piezas (reseñas, …).

Otros perfiles profesionales disponen de otro tipo de contenidos: presentaciones (incluidas las internas) bien como memo, bien como powerpoint; artículos, demos,  resúmenes, entrevistas grabadas en audio o video, fotografías propias o de producto, listas de referencias y  bibliografías…

Una buena estrategia para superar el síndrome de la página en blanco pasa por hacer un inventario, en el que incluyamos todas las piezas de que disponemos. Una vez recopilado, podemos clasificarlo según la temática, el formato y la vigencia. Apunto cuatro pistas útiles:

– Inventariarlo todo. Ya descartaremos más adelante qué contenidos mantienen su vigencia, cuáles necesitan actualizarse y cuáles ha caducado.

– Empezar con tiempo: No esperar a que se publique el libro o se inaugure el despacho para ordenar el contenido disponible.

– Pautar: En adelante ¿cómo vamos a seguir la pista del contenido que vayamos generando?

– Planificar: ¿Cómo vamos a generar nuevo contenido de interés?

Con tiempo, dispondremos del contenido más valioso: el creado por terceros, otros usuarios que con sus valoraciones, menciones y reseñas aportarán credibilidad y solidez a nuestra propuesta.  Mientras tanto y como afirmaba el tenista Arthur Ashe: “Usa lo que tengas y haz lo que puedas”. No nos paralicemos pensando en el contenido que no tenemos: aprovechemos nuestro inventario y construyamos poco a poco sobre él.

Si quieres leer más sobre contenidos y visibilidad, apúntate a la Lista.

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¿Pagarías por ser visible?


Mi novela Un hombre de pago trata de la invisibilidad de las mujeres a partir de una cierta edad. La protagonista, Rosa, paga a un gigoló porque siente que los hombres ya no la miran: si la miraran, no pagaría.  A propósito del tema, la escritora Sylvia de Béjar acaba de abrir en su blog un debate sobre si pagar o no. Le agradezco que referencie la novela.

El debate de los «costes» no nos es ajeno. Los profesionales necesitamos ser visibles. El primer paso es entender que la visibilidad cuesta. Parafraseando a la profesora en Fama: “Queréis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar. Con sudor”. No sé si con sudor, pero sí sé que pensar qué tipo de visibilidad necesitamos, encontrar los formatos adecuados, hacer llegar el mensaje a nuestro público requiere una inversión.

Para empezar, ser visible cuesta tiempo: el que dedicamos a aprender y a poner en práctica lo aprendido. Y ese tiempo es diario: para obtener resultados, cada día realizamos una o varias acciones para optimizar nuestra visibilidad: escribimos un post, tuiteamos, nos ponemos al día con uno de nuestros contactos….  Y ese tiempo es tiempo que no dedicamos a otros menesteres. Escucho y entiendo, por ejemplo, las quejas de colegas autores cuando dicen que lo suyo es escribir novelas, no tuits. Pero si no queremos quedarnos huérfanos de lectores, no podemos abdicar de participar en la difusión de nuestra obra.

También pagamos de otras maneras. ¿Qué cuota de privacidad estás dispuestx a ceder? Porque el uso de los formatos sociales no es gratis: pagamos con nuestra información personal.  ¿Cuántos datos querrás compartir en tu perfil después de haber aceptado –porque lo hemos aceptado todos al poner el sí en las condiciones de uso- que cualquier contenido que publiques en Facebook pasa a ser propiedad de Facebook?

No hay recetas mágicas para la visibilidad instantánea.  No participamos en un sprint, sino en una carrera de fondo. Cada uno encuentra su medida.

Sí quiero remarcar que no por compartir más, en más formatos o más a menudo somos más visibles. Vuelvo a mi mantra: para ser visible, hay que ser relevante. Relevante para nuestro público, aquellas personas que queremos que nos conozcan, nos contraten, nos lean, nos recomienden.  Sólo si nuestro mensaje llega a su destinatario, el precio que hayamos pagado por hacernos visible será el adecuado.

De estas cuestiones ocupamos semanalmente en la Lista de Neus sobre Visibilidad.

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Aspectos fundamentales del Plan de Visibilidad


Un plan de visibilidad sigue las pautas de un plan de Marketing y Comunicación (en el argot MarCom) corporativo. De hecho, el objetivo es el mismo: posicionar a una empresa – en este caso, a nuestra empresa, es decir, a nosotros- como referente para un público determinado.

Nuestro Plan de visibilidad necesita partir de nociones propias de la marca personal. ¿Por qué? Porque la visibilidad, para que sea eficaz, debe ser cierta: debe sostenerse en nuestra persona. Por eso, a las consideraciones propias de la Comunicación añadimos las derivadas de nuestra propia marca.

Éstos son los capítulos que incluiremos en el Plan de Visibilidad:

Misión: ¿Por qué queremos ser visibles?

– Valores, atributos y competencias: ¿Cómo somos y qué ofrecemos?

– Objetivos: ¿Qué nos proponemos?

– Publico objetivo: ¿A quién nos dirigimos?

– Análisis del mercado: ¿En qué contexto nos movemos?

Estrategias de posicionamiento: ¿Qué hacemos para que nos vea nuestro público? Este es el capítulo central. Aquí aparecen los distintos formatos, la línea y el calendario editorial.

– Métodos de evaluación: ¿Cómo sabemos si vamos por buen camino?

De estos aspectos nos ocupamos semanalmente en la Lista de Neus sobre Visibilidad. De marca personal me he ocupado en Y tú, ¿qué marca eres?

 

 

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¿Una identidad o varias?


Un lector me pregunta si debe construirse un alias para publicar su obra. Le atrae la idea de “esconderse tras una máscara”. Esa es una pregunta que me formulan a menudo, no sólo los autores, sino también los participantes en mis cursos.

La preocupación que subyace tras este interrogante es la privacidad. Deseamos crearnos más de una identidad con el fin de diferenciar, al igual que lo hacemos en la vida presencial, el tipo de información que compartimos con otros usuarios. Del mismo modo que el autor no deseaba darse a conocer, no queremos que el jefe se entere de nuestras idas y venidas familiares.

La opción de construirnos mas de un yo digital es la manera como intentamos abordar esta compartimentalización. Esta solución, a mi entender, presenta más inconvenientes que ventajas:

  •  Mantener más de una identidad on-line supone multiplicar el esfuerzo de crearla, alimentarla y segmentarla. En términos de visibilidad, la duplicidad resulta muy costosa y a menudo poco eficiente.
  • La tecnología corre más que nosotros. Mientras nos esforzamos por separar nuestros datos, las plataformas trabajan para integrarlos.

¿Qué opciones tenemos?

  • Ser conscientes del alcance de lo que compartimos. Ante la duda, menos es siempre más.
  • Segmentar en las propias plataformas si lo permiten. Así, en Facebook podemos crear listas, de modo que determinados usuarios sólo ven determinados mensajes.
  • Escoger una plataforma para un ámbito determinado. Un ejemplo clásico es reservar Facebook para temas privados y dedicar LinkedIn a temas profesionales.

Sólo en algunos casos excepcionales tiene sentido crear más de una identidad. Pienso en personas que están amenazadas y se comunican bajo una identidad supuesta. En el terreno literario, pienso en autores que cultivan más de un género y escriben bajo pseudónimo con el propósito no confundir a sus lectores. Si no estamos en uno de estos dos supuestos, nos resultará más fácil mantener una única identidad, decidiendo, plataforma a plataforma, qué compartir y con quién.

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El maravilloso caso de las portadas repetidas se viraliza

La portada de mi novela Un hombre de pago en la edición de Umbriel (2006) reproduce la acuarela «Habitación de hotel», de Edward Hopper.


Pronto los lectores se dieron cuenta de que otros títulos se editaban empleando la misma obra como recurso. Hicimos una especie de concurso, denominado «el maravilloso caso de las portadas repetidas»:encontramos seis. La periodista Eva Orué también empezó un ejercicio similar.

Ahora Javier Coria amplia la labor de documentación y en un post bien detallado identifica ¡hasta doce! títulos con la «Habitación de hotel» en cubierta. Aporta, claro está, las imágenes. Una de las más «exóticas», un título en italiano, fue un hallazgo de un amable lector que vio el título estando de vacaciones en el país.  Me envió la foto, que Javier Coria ha incorporado a las otras once para mostrar lo que debe ser la pintura más explotada editorialmente de la historia.

Lo dicho: Un Hopper de pago.

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