Mes: enero 2012

¿»Usuario» y «persona» son sinónimos?

En estos días asistimos a un cambio fundamental en la orientación de la Red. Las grandes plataformas empiezan a enseñar la patita. Google modifica su política de privacidad y hace públicas unas prácticas que intuíamos: cruzar nuestros datos personales con el fin de capturar nuestra identidad digital de forma más completa. Twitter anuncia la puesta en marcha de mecanismos de censura. Y Facebook, hasta ahora la plataforma más agresiva en términos de privacidad, ve el camino abierto para salir en breve a bolsa.

Las plataformas viven de minar nuestros datos personales. Google no es gratis: pagamos con nuestra información. Y el cruce de toda nuestra información -nuestros contactos, nuestras interacciones, el contenido de nuestros mails en gmail, ….- genera un perfil de usuario que se asemeja cada vez más a nuestra identidad completa. En palabras de Eric Schmidt, CEO de Google (2010): «Con tu permiso, obtendremos más información sobre ti y sobre tus contactos y mejoraremos la calidad de las búsquedas (…). Ni siquiera necesitamos que teclees. Sabemos donde estás. Sabemos dónde has estado. Y podemos saber más o menos lo que estás pensando».

De la necesidad de plantearnos cómo queremos que sean nuestra identidad y privacidad digitales hablé ya en la primera edición de Y tú, ¿qué marca eres?, publicada en 2006. En aquel momento estas cuestiones eran residuales: fascinados por las nuevas posibilidades, no vislumbrabamos siquiera que llevaban un coste asociado.  Celebro que estas cuestiones entren delleno en el debate social. Sin embargo, me continua pre-ocupando la deriva que estos temas críticos tomarán de la mano de una tecnología cada vez más ubicua, cuya misión es reducir a la persona a la categoría de usuario, de modo que la plataforma pueda procesar, interactuar y reconocer mejor nuestros patrones humanos.

¿Qué vamos a hacer? Por lo pronto, tomar conciencia de la tensión entre los beneficios en visibilidad y los costes en privacidad. Como escribió Nicholas Carr a propósito del modelo de negocio de Facebook: «El deseo de privacidad es fuerte, pero la vanidad lo es todavía más».

 

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«Y tú, ¿qué marca eres?», ahora en edición actualizada


«Empecé a hablar de marca personal en el artículo «Y tú, ¿qué marca eres?», publicado en el año 2002 y que daría nombre a este libro. Corrían otros tiempos: aunque Internet aceleraba su penetración, éramos usuarios menos digitales y menos sociales. Vivíamos en un entorno económico, más boyante, en el que nos preocupaba la satisfacción de nuestros anhelos propios. La marca personal era el camino para vivir de acuerdo con nuestros valores.

Diez años después, el mundo es otro. Desataco tres cambios. Por un lado, somos seres hiperconectados, cuya vida social y expresión profesional se ligan cada vez más a la Red, la principal fuente de visibilidad que tenemos.  Por otro, estamos inmersos en una crisis sistémica que nos obliga a redefinirnos y reinventarnos profesionalmente: la marca personal ya no apela tanto a la satisfacción como a la supervivencia. Finalmente, proliferan las dinámicas colaborativas, todo tipo de experiencias crowd que se basan en la aportación de muchos usuarios. Precisamente para poder aportar valor al colectivo, es importante identificar y poner de relieve nuestros puntos fuertes.

Estos tres cambios requerían la actualización del libro. Era necesario tener en cuenta el impacto de la identidad digital en nuestra marca personal y también ampliar la información relativa a las redes sociales. Ambos temas están presentes en diversos apartados y además se desarrollan en dos nuevos capítulos».

Así comienza el prólogo a la edición actualizada del manual de Marca personal  Y tú, ¿qué marca eres?  La nueva edición está ya disponible en dos versiones: la edición en papel, publicada por Alienta/Planeta, y la edición digital, publicada por Hooked, la división editorial de nuestra empresa.  Dos proyectos, dos formatos para un mismo contenido, para que el lector interesado pueda acceder a la obra por la vía que le resulte más cómoda. Agradezco a los dos equipos su compromiso y su apoyo.

Cuando publiqué el artículo homónimo en «La gazetta», nuestra newsletter, no podía imaginar que empezaba una conversación que, diez años después,  continua abierta y viva.

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