Mes: julio 2011

Google se hace mayor

Ayer visité Google+, el nuevo intento de la compañía por dotarse de una red social propia. Google+ parte de una deficiencia percibida en Facebook: la necesidad de gestionar las diferentes facetas de nuestra identidad, seleccionando qué contactos acceden a qué contenidos. La solución propuesta son los círculos, que nos permiten agrupar a nuestros contactos en función de aquello que tienen en común en relación a nosotros. Cada círculo ve sólo aquello que queremos que vea.

La red está aún en beta, pero ya muestra como el tema que NO se ha solucionado es el de la privacidad. Nada más entrar descubres que ya tienes «amigos» esperándote. Es decir, puede que uno no sepa que está en Google +, pero está, sólo porque otros le incluyeron. Esta posibilidad refuerza mi teoría de que la identidad digital es distribuida, es decir, que se forma también por las interacciones de terceros en relación a nosotros. ¿Cómo es posible, entonces, que nos preexista? Sencillo -y para reflexionar: porque Google+ se integra en el mundo Google, que auna todas las herramientas, plataformas, prestaciones…. Una misma cuenta de acceso nos permite operar en Google Docs y en Blogger, por poner un ejemplo. Implicaciones: personalización creciente. Google+ proporcionará a la compañía otro caudal de datos sobre nuestra vida digital, que cruzará con todos los que ya tiene y que derivan no sólo de nuestras búsquedas sino del uso que hacemos del resto de sus herramientas. Que, recordémoslo, no son gratuitas. No pagamos con dinero: pagamos con datos. Google vive de la publicidad contextual. Por tanto, obtener el mayor número posible de datos personales es imprescindible para su negocio. Este y no otro es el motivo de la carrera contra reloj para persuadirnos de que Google+ es la mejor alternativa a Facebook.

La adopción de un nuevo modelo de cultura empresarial podría explicar el cierre de GoogleLabs, su laboratorio de innovación. Según el anuncio oficial, la decisión se toma por la necesidad de «focalizar esfuerzos». Después de todo, Google cotiza en bolsa y los inversores miden el éxito en dividendos, no en experimentos.

Por otro lado, empiezan a publicarse memorias sobre la vida en el seno de la empresa. Así, el Financial Times reseña el libro I’m feeling lucky: The Confessions of Google Employee Number 59. En efecto, su autor, Douglas Edwards, empleado nº 59,  fue el primer brand manager de una empresa cuya marca creció de la mano de sus productos y de la experiencia de los usuarios.

Si la marca Google son sus productos, o, como afirma un ingeniero en el libro, «la marca es lo que queda cuando dejas de avanzar», que nazca Google+ cuando muere GoogleLabs indica un cambio de enfoque – quizás de paradigma. Google se hace mayor.

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La marca personal y el pensamiento positivo

Me entero por El País de que se publica en castellano el libro de la ensayista y activista Barbara Ehrenreich Bright-sided: How the Relentless Promotion of Positive Thinking Has Undermined America(2009). Curiosamente la obra cambia de título en cada edición. En el Reino Unido se la rebautizó como Smile or Die: How Positive Thinking Fooled America and The World (2009). De este título, más comercial, deriva Sonríe o muere: la trampa del pensamiento positivo.

En esta obra, la autora analiza los orígenes de la doctrina del pensamiento positivo en Estados Unidos y desmenuza la industria que hoy explota esta corriente: investiga cómo la psicología positiva se ha adentrado en los círculos académicos, cómo funciona el negocio de los telepredicadores y arremete contra el sector del coaching, que presenta en sus manifestaciones más infantiloides.

La autora es valiente. No duda en expresar su posición ni deja títere con cabeza. Partiendo de su experiencia como paciente de cáncer, la obra se inicia con la historia estremecedora de cómo un grupo de autoayuda invitaba a las enfermas que experimentaban una recaída a abandonarlo, ya que la recaída era señal de que no habían adoptado una actitud suficientemente positiva y, por tanto, lejos de sanar, empeoraban. El libro es un ensayo: el punto de vista es personal y busca provocar el debate. Ehrenreich a veces tiene un punto «Michael Moore»: argumentos brillantes para los que se buscan las pruebas apropiadas.

La crítica que se puede formular a Ehrenreich es que arroja en un mismo saco a El secreto y a Tom Peters (pos 1853-65). Para mí, se trata de dos opciones distintas. El primer caso opera como un mantra: pide y se te dará. Basta con creer. Peters, por otro lado, ya en 1999 detecta que las relaciones laborales cambian a causa de la tecnología y que muchos puestos de trabajo serán obsoletos salvo que quienes los ocupan puedan articular una propuesta individual de valor. La lealtad a la empresa (y de la empresa) se ha difuminado frente a la despersonalización. Este es el razonamiento que subyace en sus recomendaciones, positivas, sí, pero encaradas hacia la supervivencia profesional: “Por lo tanto, aquellos de nosotros (…) que queramos sobrevivir a la riada tendremos que recoger el guante de la reinvención personal… (…)”. (50 claves para hacer de usted una marca, Eds Deusto, 2011, p.19).

Personalmente, no concibo la marca personal como un ejercicio de pensamiento positivo ni de fe, sino de apoderamiento. Prefiero entender cómo funciona mi sector y cómo puedo posicionarme en él a quedarme quieta esperando. No me basta con creer: frente al determinismo, formación y acción.

Al final, la conclusión a la que llega Ehrenreich es equilibrada: “La alternativa al pensamiento positivo no es la desesperación. De hecho, los pensamientos negativos pueden ser tan ilusorios como los positivos (…) La alternativa a ambos es salir de nosotros mismos y ver las cosas “como son”, intentando que nuestros sentimientos y fantasías interfieran lo mínimo posible, con el fin de comprender que el mundo está lleno de peligros y también de oportunidades, que contamos con la posibilidad de ser plenamente felices y también con la certeza de la muerte”(pos. 3200-3211).

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Cuando escribir ya no es suficiente


En el número 15 de la revista Trama & Texturas, dedicada a la industria editorial, publico un artículo analizando por qué los autores no podemos limitarnos a escribir.

Hoy los autores somos “auto-emprendedores”. De nosotros depende cada vez más la visibilidad de nuestra obra. Las tareas que debemos realizar son ingentes. Jenny Blake las ha detallado en este Excel (vía el editor Seth Godin), donde organiza todas las actividades aparejadas a la promoción de un libro… ¡en quince pestañas! En mi caso, explicarlas me llevó un libro entero, Marketing para escritores.

Entiendo y expongo que las responsabilidades que asumimos hoy los autores son tres:

  • Ocuparnos de  la propia visibilidad
  • Gestionar nuestros activos editoriales
  • Cuidar la relación continuada con el lector/a.

Hasta ahora, estas responsabilidades recaían en los agentes y / o editores.  El escenario está cambiando, como lo muestra la decisión de JK Rowling de liderar el proyecto Pottermore, una web/ librería/ universo desde el que controlará la venta directa de los ebooks de la serie Harry Potter, entre otras cosas. La autora no trabaja en solitario, sino asistida por un nuevo agente literario. El Financial Times titulaba la noticia: “La narradora que dejó los libros para dedicarse a la gestión de marca”. Con 450 millones de ejemplares vendidos, queda claro que Rowling juega en una liga especial, pero la edición digital de autor empieza a funcionar para escritores que venden muchas menos unidades y aún así consiguen ganarse la vida (Publishing Perspectives tiene los datos).

Queremos escribir. Y queremos vivir de escribir. Seguramente no nos haremos ricos, pero sí aspiramos a vivir de nuestro oficio. Eso ya no es posible ignorando ciertos formatos y abdicando de ciertas tareas. Se requieren nuevas competencias y seguramente nuevas relaciones profesionales con nuestros interlocutores en el sector que nos permitan centrarnos en lo que realmente interesa: escribir.

Anticipando la llegada a España de Amazon, la división editorial digital de Manfatta, la agencia en la que trabajo, organiza un curso sobre Cómo publicar un ebook en Kindle. Puedes solicitar más información escribiendo a recepcionENmanfatta.com. También puedes curiosear mi página personal en Amazon.

PD: Aquí puedes leer una versión abreviada del argumentario Cuando escribir ya no es suficiente.

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Tu otra vida


¿Quién hubieras querido ser en otra vida?

Con esta pregunta arrancó la invitación a participar en el proyecto Tu otra vida, una iniciativa del fotógrafo Marc Cardona con la colaboración de Otras cosas de la agencia Villarrosás. Cincuenta personajes formulan su otra vida y, a cambio, la reciben en forma de foto.

El proyecto se acerca al tema que me ocupa: la identidad. Si uno pudiera escoger su tiempo y espacio, ¿quién hubiera querido ser? Cambiar de identidad on-line es una operación sencilla –diría más: frecuente. Pero… ¿cambiar de identidad en la presencialidad? Me animó la curiosidad, el déficit habitual (“¡faltan mujeres!”) y las otras vidas ya fotografiadas: astronautas, tenistas, banqueros, vengadores, videntes….

En mi otra vida hubiera vivido en Paris en el siglo XVIII. Regentaría un salón, punto de encuentro entre personas de talantes dispares, ubicado en lo que la escritora Benedetta Craveri denomina «la cultura de la conversación”. Conversar para influir y para aprender. En otra vida, habría sido Mme. Arqués – en ésta, regento un salón en Facebook.

Pasar una tarde de verano embutida en un corsé resultó al final una experiencia amable que, junto con el resto de otras vidas fotografiadas (cuyas sorpresas puedes ojear ya aquí ), podrá verse en una exposición y un libro previstos para octubre.

Neus Arqués, escritora. En su otra vida habría sido ANFITRIONA DE UN SALÓN PARISINO en el S XVIII.
Proyecto «Tu otra vida»
Fotógrafía: Marc Cardona
Estilismo, maquillaje y peluquería: Argelia Teo y Mía (Ornaments & Crime)
Localización: Otras cosas de Villarrosás

Y tú, ¿quién hubieras querido ser en otra vida?

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